Algunas noticias gratificantes del verano

Entre un creciente pesimismo sobre el futuro de nuestros pueblos que observo -cada día con más preocupación porque nos quedamos sin tiempo-, entre quienes han optado por permanecer en ellos, veo otros rayos de esperanza al constatar cómo nuestra comarca sigue dando muestras sobradas de compromiso en base al trabajo de muchos colectivos sociales y culturales que no dejan que se cierren todas las ventanas a la esperanza.

Dado que el debate sobre la despoblación ha llegado por fin a todas las instancias de la Administración pública española, lo que no deja de ser una conquista importante considerando que la única manera de atajar una enfermedad es reconocer que existe, cosa que hasta ahora no se había hecho, hemos dado un paso muy notable que nos tiene que ayudar a romper con ese pensamiento pesimista y doloroso que albergan las últimas generaciones que aún hoy luchan por sus pueblos.

Ahora ya se habla, y mucho, de esta lacra, en los ayuntamientos, en las diputaciones, en las comunidades autónomas y en el Estado. Parece como si la manifestación del pasado 31 de marzo hubiese removido alguna que otra conciencia. Principios quieren las cosas, y la generalización política y mediática de este debate, que por fin ha rebasado las fronteras de las barras de los bares en agosto en los pocos que aún quedan, ha motivado que al menos se comience a generalizar la idea de que algo hay que hacer, y con urgencia.

La Junta de Comunidades acaba de anunciar una inversión de 20 millones de euros en el horizonte del año 25, más cerca de lo que pueda parecer,  para llevar la fibra óptica a todos los pueblos de menos de 200 habitantes y solucionar uno de los problemas más graves que tiene nuestro medio rural, como es la llegada definitiva a la era digital.  Será un paso adelante histórico, para evitar el asilamiento al que están sometidos estos pequeños núcleos rurales, nada menos que unos 260 en nuestra provincia.

Aunque lo que realmente debería alegrarnos y darnos esperanzas en un cambio de tendencia, que sigo pensando que con medidas de Estado es posible, es la resistencia que está ofreciendo la sociedad civil ante una dura realidad que hasta ahora ha sido totalmente marginal para el Estado y las administraciones.

Y es que, al menos a mí, me resulta muy gratificante ver cómo en nuestra comarca se lucha desde distintos colectivos sociales y culturales; desde la gente llana que no aspira  a otra cosa que a vivir en su pueblo con dignidad y sintiendo el reconocimiento, el cariño y respeto de los urbanitas, que no es mucho pedir; y que no busca ni compensaciones personales, ni políticas, ni siquiera puestos a dedo en cualquier empresa ligada a la administración.

Así nos tiene que resultar muy ilusionante ver como Milmarcos recupera de la ruina y da vida cada año a su teatro Zorrilla; como Orea comienza  a ser una referencia en el país con sus iniciativas contra la despoblación, llenas de imaginación y compromiso con el territorio; o cómo Cubillejo de la Sierra, mi pueblo, recupera sus edificios históricos y crea un pequeño pero valiosísimo museo histórico de la celtiberia; o cómo un grupo de entusiastas de Molina da vida a un festival internacional de Time Lapse que ya una referencia nacional e internacional; y pueblos como Adobes, Embid, El Pobo, Villel de Mesa… se vuelvan con iniciativas culturales imaginativas que ponen en valor sus territorios y sus gentes a través de la cultura; o cómo Saelices de la Sal nos sorprende con sus Jornadas Blancas con el aprovechamiento de las salinas; o Ciruelos del Pinar con su Torneo de Fútbol-Sala que ha cumplido este año su trigésima edición y reunido en torno a este deporte a más de 200 deportistas de la zona, en un hecho que merecería un reconocimiento al trabajo altruista que contribuye a hacer comarca; y pueblos del Alto Tajo rememoran cada a año a la fiestas de  Los Gancheros poniendo en valor todo un modo de entender la vida en esta maravillosa zona molinesa.

Y merece mención aparte el Geoparque de Molina-Alto Tajo, una iniciativa nacida de la voluntad y entusiasmo de la sociedad civil, una oportunidad única para el desarrollo de la comarca que sigue adelante con sus objetivos, bajo la atenta mirada de la UNESCO, sí de la UNESCO,  aunque algunos todavía crean que estas cosas solo tienen sentido cuando van ligadas a los cinturones ideológicos o a las miserias partidistas.

En fin, esto ayuda y mucho a pensar que sigue existiendo un hilo de esperanza en el futuro de nuestros pueblos. Desde la atalaya maravillosa que es la Sierra de Caldereros se divisan esas y otras iniciativas sociales, culturales, deportivas en la comarca molinesa, pero por supuesto existen otras muchas en la provincia también dignas de su consideración, aunque no sean motivo de este blog comarcal.

Carlos Sanz

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