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Ciegos ante la despoblación

Sorprende la facilidad con la que la clase política intenta sumarse al carro de las modas sociales, para no quedar desplazada y, por supuesto, seguir sacando rédito de todo aquello que sea posible cuando se trata de ocultar su propia y manifiesta inoperancia.

No se puede concebir de otro modo la fiebre que ahora les ha subido con el problema de la despoblación, algo en nada nuevo, ni imprevisto, ni circunstancial, por mucho que se empeñen en intentar ocultar, con esta moda de organizar jornadas, seminarios, coloquios, mesas redondas y todo tipo de propuestas para decirnos lo que todos, excepto ellos al parecer, conocemos desde hace muchos años.

A las autoridades y dirigentes inoperantes hay que recordarles que esto de la despoblación no es algo surgido de repente ni en Guadalajara ni en España, es una situación que viene de muy atrás, que es cuestión de Estado, y que el reguero actual de actos para poner en evidencia el tal asunto demuestra que durante décadas han pasado olímpicamente del mismo, lo han despreciado, lo han escondido, y por eso ahora cuando algunos ciudadanos y escritores realmente preocupados y sufridores del problema lo han puesto en televisiones, radios y periódicos, ellos se quieren sumar al carro y hasta nos proponen medidas que llevan años en las mesas de los responsables políticos sin que hayan movido un dedo. Es solo una muestra más del desprecio que tienen parte de las élites urbanas gobernantes frente a lo rural.

Como parece que algunos se acaban de caer del guindo hace unos días, les recordaremos en esta atalaya maravillosa de la Sierra de Caldereros, desde donde venimos divisando cómo los pueblos se quedan sin vecinos, algunos datos rigurosamente estadísticos que ponen en claro la ceguera monumental de políticos y arrimados, sobre un asunto grave de nuestro país del que al parecer todos menos ellos sabíamos de su existencia.

En los últimos veinte años -si nos vamos a los últimos sesenta o setenta todavía sería mucho peor-, la población de la provincia ha pasado de los raquíticos 159.331 habitantes a los 254.308. Un incremento considerable, qué duda cabe, pero volcado única y exclusivamente en un privilegiado núcleo de municipios próximos a Madrid. El resto, un desierto.

Y si vamos al territorio que realmente aquí nos interesa, el Señorío de Molina, veremos cifras alarmantes y explicativas de que este fenómeno social tan dramático no es cosa de un día, ni una moda pasajera. Es simplemente una situación que viene desde los primeros años de la segunda parte del siglo XX.

Molina de Aragón, que hace de tripas corazón para mantener su población a costa en parte de sus propios municipios de influencia, ha pasado de los 3520 habitantes en 1996 a los 3295 actuales. Y es el caso menos sangrante. Alustante, ha bajado de los 280 a los 157; Checa de 420 a 273; Corduente, de 480 a 345; Orea de 277 a 177; Tortuera, de 246 a 206; y Villel de Mesa ha descendido de 270 a 185. He preferido hablar de estos pueblos, que son de los más poblados y activos económicamente dentro de lo que cabe, para explicar cómo este drama está afectando desde hace años y de manera muy clara a los municipios de Molina.

Y mientras, nuestra clase política lleva años perdiendo el tiempo en conferencias, jornadas, seminarios, reuniones, charlas, coloquios…pero sin tomar una sola medida de las que también llevan una eternidad reclamando organizaciones como por ejemplo la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP).

Llevamos décadas invirtiendo dinero de fondos europeos sin resultado alguno frente a la despoblación, y aun conociendo esta realidad, nadie toma la decisión de cambiar el formato de reparto de estos dineros que no sirven, a la vista está, para el que es su objetivo fundamental: mantener primero a la población que existe y, en la media de lo posible, contribuir a su aumento. Ahora se unen a este carro de despropósitos algunos grupos de desarrollo para justificar su inoperancia, como lo hace el Senado con su Comisionada para la despoblación que todavía no sabemos para qué está; o las comunidades autónomas que ahora tan preocupadas parecen. Entre tanto, ni una sola media efectiva, ni una.

¿De verdad a estas alturas de la vida, después de 70 años de esta lacra, tenemos que estar todavía analizando lo que sería bueno o malo para revertir la situación? ¿Aún no conocen en Europa, ni en el Congreso, ni en Senado, ni en las comunidades autónomas, ni en los ayuntamientos lo que necesita nuestro despoblado medio rural para intentar -al menos intentar-sobrevivir? ¿Todavía insisten en proponer cosas desde los ayuntamientos, por una parte, las diputaciones por otra, las comunidades autónomas por otra, el Senador por otra y el Congreso, también a su aire, por otra? ¿Aún no se han enterado de que la despoblación es un problema de Estado grave y real que solo puede solucionarse con medias de Estado? ¿Alguien en su sano juicio cree de verdad que se solucionará algo con actuaciones por separado y sin coordinación alguna desde los municipios, las provincias, las comunidades autónomas, el Estado y hasta Europa, cada uno a su bola?

¿De verdad somos tan ilusos?

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. muy interesante el articulo, yo por lo que observo el problema se alimenta desde los mismos ayuntamientos con alcaldes conformistas y sin ningun interes mas que en lo suyo propio, hablo desde lo que conozco como vecino del valle del mesa, desde luegosin la implicacion de la administracion central vamos mal a peorpero tampoco se ayuda con impuestos o ayudas a la compra o alquiler de vivienda rural o restauracion de la misma pero bueno no me quiero extender, saludos.

  2. Totalmente de acuerdo con el comentario de Juan isidoro, la gran mayoría de los pueblos se estancan por los alcaldes que no tienen ningún interés en que su pueblo avance.
    Se conforman con que no toquen lo suyo, es mas no quieren ni oir hablar de proyectos o cualquier tipo de idea para mejorar.
    UNA PENA LA VERDAD.

    Saludos.

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