Ejemplos a copiar para la iglesia de San Martín, en Molina

La Fundación Las Edades del Hombre y la Junta de  Castilla y León organizan desde hace años una magna exposición que se viene desarrollando en distintas sedes de esa región. Este año, la muestra ha llegado en su XXV edición a la capital burgalesa y a dos pequeñas localidades de Palencia (Carrión de los Condes, 2.000 h.) y Zamora (Sahagún, 2.300 h.).

Dirán que por qué traigo hasta esta página de nuestra comarca este asunto que concierne a la comunidad vecina de Castilla y León. Pues fundamentalmente por dos motivos, entre otros igualmente importantes, que he podido comprobar personalmente en una reciente visita, con otros molineses, a esas sedes de la exposición que se está celebrando bajo el nombre de «Lux» con extraordinario éxito de visitantes.

El primero de esos motivos es sencillo:  desde que se ha puesto en marcha, hace ya 25 años, esta iniciativa en Castilla y León  ha servido para poner en valor todo el extraordinario patrimonio artístico, monumental y cultural que tienen, lo que además ha supuesto un apoyo económico enorme para la región en su hostelería y restauración y otros sectores auxiliares que dan cobertura a los cientos de miles de visitantes que han llegado a las distintas sedes de estas muestras.

Y, en segundo lugar, porque he comprobado en persona, sin nadie que me lo cuente, que Las Edades del Hombre, han servido para salvar de la ruina, el abandono y el olvido, monumentos impresionantes que no habían sido capaces de resistir el paso de los siglos y las consecuencias de la despoblación, como las iglesias de Carrión de los Condes y de Sahagún que albergan esa edición de 2021. Monumentos majestuosos que estaban en la ruina, abandonados, cayéndose literalmente y por tanto inservibles y que han sido objeto de una sencilla pero eficaz restauración que los ha convertido en centro de atención para miles de visitantes en estos lugares semi olvidados de la España mesetaria, rural, semi despoblada y dejada de la mano del político.

Y se lo cuento como me lo han contado allí y lo he podido comprobar: pueblos pequeños, con menos habitantes que Molina de Aragón, ha visto resurgir estos emblemáticos monumentos, joyas del románico y del gótico, que han recuperado su esplendor y que, afortunadamente, tienen asegurada su permanencia durante unas cuantas décadas gracias a la intervención, sencilla y económicamente asumible, de la Administración. Y esto ha sido un revulsivo para los pocos habitantes de estos municipios, que han visto como su actividad económica ha crecido durante el tiempo de la muestra, como algunos negocios se han mejorado y asentado  y, sobre todo, como ha cambiado su sentimiento de pertenencia y su autoestima al ver recuperados monumentos tan emblemáticos para los municipios.

Y hemos recordado lo que pasa en Molina de  Aragón, con el templo de San Martín, la primera iglesia de la ciudad, de estilo románico y barroco, que en su momento era parte del monumental colegio de los  Escolapios, luego Instituto, hoy en estado de conservación deplorable después de ser destruida por las llamas hace 30 años y donde ya nadie ha querido asumir sus responsabilidades a pesar de ser un edificio con enorme valor patrimonial, arquitectónico y sentimental. Nada de nada, por eso los molineses nos hemos acordado en nuestra visita a estos pueblos castellano y leoneses de nuestra iglesia, porque hemos visto como con algo de voluntad, y no muchos recursos, se podría recuperar el edificio y salvarlo de la ruina absoluta a la que está llamado de no actuar pronto colocando un tejado.

En Sahagún y Carrión de los  Condes, dos pueblos de menos habitantes que Molina, han logrado salvar iglesias que estaban en peor estado que la nuestra, con soluciones modernas e ingeniosas, sin grandes alardes económicos, con estructuras sencillas metálicas que han permitido echar aguas fuera, dejando perfectamente nítida la parte antigua de los templos diferencia completamente del tejado nuevo, sin que ello rompa nada de su grandiosidad y ni les reste un ápice de valor histórico, pero ha permitido salvar de la ruina los edificios y mantenerlos en pide dignamente por muchos años. ¿Alguna vez aprenderemos en nuestra provincia?

Carlos Sanz

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