El ‘guardián’ del patrimonio minero

Las ponencias del X Congreso Internacional de Minería y Metalurgia, celebrado en Molina en 2018, se recopilan ahora en un libro, presentado el pasado 2 de marzo en la oficina de turismo molinesa. Con su edición, concluyen las actividades de este simposio, incluido en el  proyecto ‘Molina, Ciudad de Congresos’, aún vigente. Desde el Museo de Molina no descartan organizar otro para este mismo año.

La primera salina de la Edad del Bronce final conocida en España, los yacimientos minero-metalúrgicos de la Edad del Hierro próximos a Molina de Aragón, las salinas molinesas de mediados del siglo XVI o la riqueza patrimonial de las minas de Setiles.

Son algunas de las investigaciones que se pueden encontrar en el libro de actas del X Congreso Internacional de Minería y Metalurgia ‘Molina, crisol de la Ferrería Celtibérica’, que se presentó el pasado lunes 2 de marzo en la oficina de turismo molinesa.

La obra resume en 400 páginas algunas de las comunicaciones que expertos de prestigio mundial realizaron en este foro científico, celebrado hace año y medio en Molina. “Algunas no se han podido publicar, por razones de espacio”, explica Inma Rodríguez, técnico del Museo de Molina, pero todas giran en torno a la investigación, gestión, conservación y divulgación del patrimonio geológico y minero. 

El volumen está prologado por Antonio Pizarro, presidente de la Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero (Sedpgym), organizadora del Congreso junto al Geoparque y el Museo de Molina, y por los dos editores, Mariano Ayarzagüenza y Jesús Fernando López Cidad.

Los tres asistieron en el acto de presentación de la obra, a la que tampoco faltaron el presidente honorífico de la Sedpgym, Josep Mª Mata, el director del Museo de Molina, Joaquín Yarza y la concejala de Educación del Ayuntamiento molinés, Pilar Muñoz.

El contenido de este manual, apto para apasionados en la materia, se divide “en cinco capítulos”, detalla Rodríguez: “sobre minería y metalurgia en la Prehistoria y Protohistoria, en la Antigüedad, en la Edad Media, Moderna y Contemporánea, sobre conservación, uso y gestión del patrimonio minero y geológico de entornos mineros y sobre usos tradicionales de la geodiversidad, paisajes y museos mineros en el desarrollo de los geoparques”.

Con la edición de este estudio, que está ya a la venta en el Museo de Molina, concluyen las actividades ligadas al X Congreso Internacional de Minería y Metalurgia, una iniciativa incluida en el Plan Director del Geoparque 2017-2020 y concretamente, en el proyecto ‘Molina, Ciudad de Congresos’, aún vigente, afirma Rodríguez: “El Plan Director continúa y dentro de él, está previsto avanzar en ese proyecto, con el que pretendemos convertir a Molina en un referente de congresos internacionales y mundiales”.

En este sentido, no descartan organizar este año otro nuevo congreso, aunque esta idea, dice, “aún está en el aire”. 

Molina, pasado minero

La elección de Molina, como sede del X Congreso Internacional de Minería, no fue gratuita. Su comarca se encuentra ubicada en una zona de dilatada tradición e intensa actividad minera. Pero además, la ciudad es la capital del Geoparque de Molina-Alto Tajo, espacio natural avalado por la UNESCO, con un valioso patrimonio geológico de interés internacional.

En este territorio, la Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero destaca la importante minería del hierro que se concentraba en la zona de Sierra Menera, considerada uno de los distritos mineros más importantes de la península, compartido por la Tierra de Molina y la comarca turolense del Jiloca. Los dos centros mineros se sitúan en Setiles (Molina) y Ojos Negros (Jiloca).

En el de Molina, continúan las explotaciones mineras, como las minas de caolín, aunque actualmente no es una actividad predominante. El verdadero esplendor lo tuvo en el siglo XX. Aquella riqueza mineral favoreció la apertura de minas en Pobo de Dueñas (hierro), la citada de Setiles, varias de cobre en los alrededores de la Sierra de Caldereros o las de bario en Arangocillo, según se detalla en la Guía Turística del Geoparque.

Según explican desde la Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero, “las labores más antiguas se remontan a la época celtíbera. En los últimos períodos mineros, el mineral extraído era conducido mediante un ferrocarril que partía de Ojos Negros hacia el Puerto de Sagunto y en ese traslado, el mineral de Setiles era conducido, mediante un ferrocarril subterráneo, hacia la estación de partida, en Ojos Negros”.

‘La Platilla’, estrella minera del Geoparque

Por otra parte, esta Sociedad también destaca una “importante minería dedicada a los minerales de cobre, aunque muy rica también en minerales de plata”, localizada en las inmediaciones de Pardos, donde hubo unas minas, hoy abandonadas.

En este punto, la actividad fue intermitente durante varios siglos. La principal explotación, la llamada Mina Estrella (antiguamente conocida como la ‘Mina de la Platilla’), rica en azuritas (cobre azulado) y pequeñas cantidades de plata, está situada a unos 3 kilómetros al suroeste de Pardos, en las proximidades del cerro Majadillas.

Allí se han llegado a encontrar hasta treinta especies minerales distintas, entre ellas, carbonatos de cobre, malaquitas, clinoclasas y bayldonitas. Hoy, este yacimiento mineral es el más importante del Geoparque de la Comarca de Molina y del Alto Tajo.

No obstante, en el entorno de Pardos hubo diferentes yacimientos “en los que se extraía cobre, bario y hierro”, según se detalla en la Guía Turística del Geoparque. Además de Estrella, estaba “la Mina del Cabezo, a dos kilómetros y medio del pueblo, más conocida como ‘la mina de los Chupones’ y la ‘mina de los Cristales’, debido a la presencia de cuarzo en su variedad cristal de roca”.

A un kilómetro al sur del pueblo, en el Cerro de Las Fuentes, se encontraba la Mina Pepita, donde “se han encontrado indicios de cobre (tetraedrita) y azurita, y bario (barita)”.

Esta guía turística también cita la Mina Inesperada, en el cerro de Las Majadillas, a dos kilómetros y medio al suoreste de Pardos, “una explotación a cielo abierto, donde se han observado buenos ejemplares de dolomita, aragonito y óxidos de hierro”.

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