El negocio de la España poco poblada

Esto de la España «poco poblada»,  lo que ha venido siendo en las últimas décadas la España rural, y que ahora muchos definen erróneamente como la España vaciada -aunque dicen que no les gusta este nombre pero no dejan de manosearlo-, me parece que se está convirtiendo en un negocio redondo para muchos.

Ahora, a los grandes medios de comunicación, que durante décadas han pasado olímpicamente de este asunto,  se les ha encendido la lucecita y ven que se las ha aparecido por arte de magia un filón extraordinario, no prioritariamente informativo, como debería, pero sí de negocio amparado en esta desgracia que es la paulatina pérdida de población de cientos, miles de pequeños pueblos en las zonas rurales de las castillas, de Aragón, Galicia y parte del norte de España.

Y van, y de repente, todo el mundo tiene historias que contar, las televisiones, los grandes diarios españoles que nunca había reparado en estas pequeñeces, las mayores cadenas de radio, poderosos medios digitales; vaya que a todo el mundo le interesa un asunto que, en mi pueblo, llevamos sufriendo, y debatiendo, y viviendo hace más de cuarenta años, habiendo pasado de los 200 y pico habitantes de entonces a los poco más de la treintena de ahora, y  dando las gracias a esa treintena que nos permite tener un pueblo digno, bien cuidado, arreglado, con servicios municipales adecuados a las necesidades y contar al menos con un bar donde reunirnos los días de fiesta.

Pero, eso sí, este mes de agosto, el médico – que depende de la Administración regional, todos los sabemos, creo- que debería haber venido a atender a sus pacientes ha estado cuatro semanas sin venir, que bastante tenía el doctor con hacer sus guardias correspondientes en el ambulatorio de Molina -ellos, sarcásticamente, le llaman Centro de Especialidades- como para luego seguir con sus jornadas en los pueblos que le corresponden.

 Y este es el servicio que hemos tenido este verano en sanidad. Para más recochineo se citaba a los pacientes, ya entrados muchos en los ochenta y más, que después de esperar un par de horas a las puertas del consultorio abandonaban cansados  a la vista de que el médico no llegaba, aunque  nadie del Centro de Especialidades donde dan las citas se había preocupado de comunicárselo. (Por supuesto, el médico de turno y de guardia, que le toca todo a la vez, tiene nuestro reconocimiento y comprensión, que quede claro, que el problema no está en él/ella).

En fin, a lo que vamos, que esto de la España menos poblada, la rural, mi pueblo, el suyo, nuestro comarca por ejemplo, es ahora un deseado bien para que los medios de comunicación, entre otros muchos, hagan buenos negocios, porque eso de organizar foros, eventos, jornadas, simposios, congresos… para redundar una y otra vez en lo que todos sabemos está muy bien, y es positivo para que todavía se airee más nuestro problema, pero ya les digo yo que a la inmensa mayoría de quienes organizan estos saraos el medio rural, su situación población, sus problemas, les importan un comino.

En realidad, lo que han encontrado, es un filón inagotable por ahora para que  el Gobierno de España, y algunas de las grandes empresas de servicios que operan en España (telefonía, energía, banca…) laven su mala conciencia con respeto al trato que históricamente han dado a los pequeños municipios patrocinando y subvencionando este tipo de cosas intentado demostrar que están y comprenden al medio rural. Pero, háganme caso, si te he visto no me acuerdo.

Foto: Terraza (Jesús de los Reyes)

Carlos Sanz

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