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El paraíso inhabitado

Sin duda nuestro paisaje, nuestro entorno, el lugar dónde vivimos tiene una enorme importancia; nos dejan marcados su fisonomía, su clima, su gente, su cultura… Para todos, la palabra «Tierra» tiene profundos significados: paisaje, historia, raíces, hogar y vida.

Como Campillano, como parte integrante de este penoso éxodo que sufrió y sufre nuestra comarca, envidio a las personas que tienen la suerte de vivir en la tierra que les ha visto nacer, que gracias a un desarrollo equilibrado disfrutan de una sociedad activa que cuida de sus tradiciones, de su cultura; personas que tienen la posibilidad de elegir trabajar, amar y educar a sus hijos en el paisaje y en las calles que les han acompañado desde niños.

Miles de molineses sin embargo no hemos tenido la oportunidad de asentarnos en nuestra Tierra Molinesa, de practicar nuestra profesión en una tierra social y económicamente viva, de desarrollarnos allí como personas. Se nos ha esfumado la posibilidad, por ejemplo, de ver casarse a nuestros hijos e hijas en la iglesia que nos vio de monaguillos o de recoger a nuestros nietos en el colegio donde de pequeños cantábamos gloriosos himnos pesados… y es muy probable que debamos envejecer tras la ventana de un asilo que se asoma a un paisaje que no es el nuestro, añorando la tierra que nos vio nacer y crecer.

¡Disfrutar de una tierra poblada y viva!… que deseo tan aparentemente sencillo; compárenlo con el bienestar de las comunidades ricas que optan por elevar a la quinta potencia su narcisismo, reinventando parte de su historia o de su lengua y fabricando peligrosos independentismos que son como mínimo insolidarios con las tierras más pobres que hace pocos años aportaron un capital humano que en buena parte les ha ayudado a ser lo que son. ¿A qué nos conduce este desequilibrio poblacional? ¿Por qué estas dos Españas?.

Si vives pues en una tierra poblada disfrútalo…, en nuestra zona los sacerdotes tienen unos 80 entierros al año y quizá una boda o un bautizo, por lo tanto no te extrañes de esa melancólica tristeza que nos adorna a los del Señorío cuando hablamos de nuestro paraíso inhabitado, pues hablamos al fin y al cabo de un futuro truncado, de un presente alejados de nuestra bella tierra durmiente.

Aquella que nos lo dio todo en forma de paisaje habitado, de niñez amplia y alegre, de pueblos hechos a nuestra medida, de olor a tormenta y mies mojada, de nubes surcando esos infinitos cielos, de animales sueltos en calles sin asfaltar, de padres trabajando de sol a sol y de madres protectoras, de escuelas con estufas demasiado pequeñas; de nuestro primer beso, de sonidos de pájaros y ranas, de pantalón corto de espuma, zapatillas Tao y jerseys con un cuello sorprendentemente estrecho…

De todas estas cosas tan sencillas y tan serias que hemos recibido allí surge en nosotros, los del Señorío, esta necesidad de devolver algo de la felicidad que en buena parte nos ha dado esta tierra molinesa, ayudando a que nuestra comarca avance, a que la tierra que nos vio crecer crezca con nosotros, tenga unos mínimos servicios, se pueble de gente y vida. Para esto muchos arrimamos el hombro, a veces de forma individual y otras de forma colectiva mediante asociaciones locales y comarcales como Tierra Molinesa.

Debemos recordar a la sociedad y a las instituciones que hay una tierra abandonada, tenemos que seguir alzando la voz para defender la igualdad y el equilibrio territorial, pilares de la justicia que debe regir en las sociedades democráticas; es urgente priorizar la lucha contra el mayor problema que jamás tuvieron estas tierras: la despoblación… perseguir por tanto el legítimo y cabal derecho de conseguir que el Señorío de Molina llegue a estar tan vivo como esas tierras y comarcas desarrolladas que pueblan nuestra bella provincia, nuestra Comunidad, nuestro gran país.

Cuando los molineses hablamos con pasión de nuestra comarca, solicitando medidas rápidas para que deje de agonizar, comprende que a los hombres y mujeres alejados de su tierra les falta una parte de sí mismo y que no sólo pide por él, sino por la dignidad de sus abuelos y de sus hijos, por la dignidad  de un pueblo.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Muy buena reflexión Jesús, si renunciamos a nuestros orígenes perdemos todos nuestros valores. Es sencillo de entender.

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