La España despoblada y La Otra  Guadalajara

Les había prometido hablar de porqué Guadalajara no encaja en esa fórmula política que se han inventado algunos movimientos ciudadanos de la España menos poblado, que ellos mismos llaman vacía o vaciada, aunque a la vez dicen que no les gusta el término, y que pretende hacerse valer desde ya, en las próximas y cercanas elecciones autonómicas de Castilla y León, como paso previo a concurrir a las próximas generales.

Guadalajara no encaja ni encajará nunca en esa fórmula por motivos evidentes, los mismos que nos han impedido agruparnos con provincias como Teruel, Soria o la propia provincia de Cuenca de cara a las ayudas europeas para los territorios más despoblados. No, nuestra provincia no cuadra por la sencilla razón que existe una pequeña zona geográfica, en torno a la capital provincial y el denominado Corredor del Henares, que agrupa a casi 200.000 habitantes frente a poco más de 65.000 del resto del territorio y esa población está en tan solo una quincena de municipios, frente a los restantes 274 ayuntamientos. Mal asunto, pero a efectos europeos lo que cuenta es la provincia como unidad territorial y no las comarcas.

Por eso precisamente, Guadalajara no será un problema para los partidos tradicionales como el PSOE y el PP, que no deben temer nada aquí respecto a la concurrencia de esa plataforma/partido político/agrupación de electores o lo que sea, que sí concurrirá a las elecciones general en provincias como Teruel, Soria, Burgos y otras por el estilo.

Evidentemente, el problema de la despoblación en esas provincias es el mismo para todo su territorio, tanto para sus capitales, por muy pobladas que estén con respecto al resto, como para sus pueblos.  En Teruel, en Soria, en Burgos, en Palencia o en Ávila, la provincia en su conjunto sufre el problema de la despoblación. Todos viven y comparten lo mismo, pero Guadalajara es un caso radicalmente distinto, con una población en crecimiento de manera exponencial en una quincena de municipios y la capital apoyándose en la influencia de Madrid y su grandísimo potencial económico, frente al resto del territorio.

Estos habitantes tienen su trabajo en el Corredor o en Madrid, buenas comunicaciones, autopista y autovías, trenes, AVE y Universidad, mientras que el resto de la provincia sufre carencias humillantes desde hace décadas.

Es claro que las zonas de La Sierra, Sigüenza, Molina y buena parte de La Alcarria padecen de los mismos males que esas provincias que hemos citado, pero su población no tiene ninguna relevancia frente a la pujanza del Corredor y la capital, por eso por muchas leyes de despoblación que nos aprueben -que servirán para muy poco mientras no tengan ámbito estatal, aunque sí para la foto propagandística de rigor, por mucho que algunos estómagos tan agradecidos como incompetentes pretendan ensalzarlas- , estas comarcas de Guadalajara seguirán abandonadas y humilladas por su carencia de capital humano.

Y por esta misma condición, el único movimiento reivindicativo que ha existido con cierto sentido y entidad, La Otra Guadalajara, en la comarca molinesa, prácticamente ha desaparecido del mapa fagocitado tanto por algunas torpezas propias como por las presiones de los partidos políticos que no toleran la más mínima discrepancia.

Por estos motivos, les decía que me alegro y mucho del nacimiento de este partido político/agrupación/ plataforma o como quiera que concurra a las elecciones generales y que ojalá consiga suficiente apoyo para poder chantajear al Gobierno de turno, como hacen desde hace años vascos y catalanes, para conseguir algo para sus provincias y, de rebote, para la nuestra. Es la única esperanza que me queda.

Evidentemente, no es la fórmula que uno desearía para España, pero es la única que entienden en el PSOE y en el PP, por ahora los partidos que han gobernado nuestro querido país.

PD: Los grupos de desarrollo local de la provincia claman al cielo porque Guadalajara, por los motivos que les acabo de contar, quedará excluida de algunas medidas del Gobierno de España contra la despoblación que sí se aplicarán en Teruel o Soria, por ejemplo. Al considerar a estos efectos el territorio de la provincia como medida de referencia, y no sus comarcas, ocurre esto, nos perjudica nuestra situación en la capital y el Corredor, pero les digo algo a estos buenos señores de los grupos de desarrollo local de Molina, la Sierra, la Alcarria y la Campiña: que se lo hagan mirar, que  en Madrid gobiernan los mismos que en Castilla-La Mancha y que estos grupos, que tanto aplauden las decisiones del Gobierno regional, se rasguen menos las vestiduras y asuman sus responsabilidades en esta tropelía en lugar de echar balones fuera.

Carlos Sanz

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Guadalajara es distinta naturalmente por el motivo que explicas Carlos, pero que pena que parezca insalvable… así tiene más sentido la plataforma Serranía Celtibérica que aparta certeramente los límites provinciales de las ayudas que puedan llegar. Por otra parte espero que en Guadalajara haya representación de esa plataforma de la España vaciada, me da a mi que van a conseguir unos cuantos diputados ¡¡

  2. Para comenzar: la formulación y denominación de Celtibérica es de todas falsa, los habitantes de los Montes ibéricos, fueron como lo dice la palabra Ibéros, El «cuento» del mundo Celta es solo una farsa política que intenta «Europeizar» la península que es fundamentalmente africana, en su pasado y conformación… No hay que olvidar que las provincias de Almería , Granada y Málaga son África, (El denominado Bloque Alborán) en términos geológicos. El continente africano empuja a la placa Euroasiática sin cesar, levantando Sierra Nevada. Todos los celtas fueron primero Iberos, que toman su nombre del Gran Río Peninsular. Pero este es otro tema.
    La independencia cultural, idiosincrasia de la Taifa de Baruya , que alcanzaría de Albarracín a Medinaceli, denota su injustificada pertenencia a la Provincia de Guadalajara. Habiendo pertenecido en un pasado no tan lejano a Cuenca. Molina es el Gran Castillo que da nombre a la tierra de las torres y Castillos. Hoy en su mayoría desaparecidos. Y sus fueros tan bizarros como los Vizcaínos y Navarros, marcan su independencia judicial de la propia creación del espectro fantasmal que es España en su conjunto. Y es el intervencionismo del Reino el que ha condenado a nuestro territorio a la desidia y el abandono. En la medida que crece España, los montes Ibéricos se despueblan , como una maldición. Porque es un parásito que acabará por eliminarla definitivamente, sino hay respuesta. Y es difícil que la hubiera en «Los desiertos de la cultura».

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