La España que se devora

Aunque las pasadas elecciones generales han seguido, en general, ignorando la España rural y vaciada, como se dice ahora, y no he escuchado ni una sola propuesta de futuro de los candidatos más allá de cuatro manidas simplezas, es verdad que asistimos a un resurgimiento esperanzador del debate sobre la situación de los pueblos españoles que están semi abandonados. Incluso el grupo de comunicación Atresmedia suele destinar en sus informativos más vistos espacios interesantes a esta realidad y cada día surgen iniciativas de distinto pelaje aquí y allá.

Algo es algo, la verdad de esa otra España, la rural, la dejada de la mano del político y del Estado en su conjunto desde hace décadas, va teniendo mayor visibilidad. Y hasta cuenta con una diputada por  Guadalajara que se ha bajado, literalmente hablando, del tractor, para irse a la Carrera de San Jerónimo, algo que me recuerda al que fuera agricultor y senador por UCD en Guadalajara(1979-82), Jesús Estríngana, que también se bajó del tractor para hacer política en el Senado. Eran otros tiempos.

Y desde entonces hasta ahora la situación ha empeorado dramáticamente y tendrá que emplearse a fondo la flamante diputada agricultura en  Cortes, Mª Ángeles Rosado, para llevar el mensaje de socorro de la España rural, esa en la que ella vive y trabaja, y que conoce de primera mano. No es poco el avance, su sola presencia,  pero la tarea será ardua para convencer a sus señorías de que hay que cambiar el guión si realmente se cree en esta imperiosa necesidad de trabajar por y para esa parte de la población abandonada a su suerte, y  de lo que, con perdón para la clase dirigente de este país, tengo mis serias dudas. 

Asistimos complacidos a un frenesí de congresos y congresillos, convocatorias, reuniones, seminarios, y jornadas sobre la despoblación y sus consecuencias. En ayuntamientos, en comarcas, en provincias y, por supuesto, las comunidades autónomas más afectadas también se prestan a esta moda de convocar todo tipo de encuentros para hablar de lo mismo, ocultando que muchos de sus cargos políticos, los  mismos que convocan y nos dan lecciones grandilocuentes, son responsables directos de lo que está pasando, porque llevan cuarenta años sin prestar atención al problema. 

Ya lo vivimos en la manifestación de la España Vaciada en Madrid, un hito sin duda empañado solo, y como casi siempre, por una clase dirigente que se escondió detrás de las pancartas como si la guerra no fuese con ellos, como si ellos no fuesen parte del problema. Un desprecio más a los escasos pobladores que se sienten humillados y olvidados y que tenían que ver cómo a su lado se manifestaban, en un alarde supino de hipocresía, quienes sino culpables de estos males sí son responsables de, al menos,  no haber intentado nunca ofrecer una solución.

Y lo escribo como lo siento. Estas cosas de reunirse en torno a una subvención pública para hablar de despoblación en tal o cual municipio, para fijar posturas comunes, leer manifiestos y soflamas,  y pedir medidas locales o comarcales, incluso provinciales, a estas alturas de la película no sirven para nada, son un engaño más. Primero, porque provienen de quienes deberían haber propuesto alternativas en las instituciones en las que están desde hace décadas. Segundo, porque no llegaremos a nada con visiones localistas, limitadas territorialmente y a corto plazo. En realidad, estas cosas solo sirven para quedar muy bien en las fotos de familia.

Mientras no tomemos conciencia de que la realidad de la España despoblada, desertizada, vaciada o como queramos denominarla, solo tendrá solución desde el Estado y desde Europa, ni siquiera desde las autonomías, y nunca con soluciones territoriales localistas, que ya han demostrado su inutilidad en estos fines, no avanzaremos nada.

Solo si el Gobierno de España se toma en serio el problema, si es capaz de destinar todos los recursos que se pierden cada año por el camino de las autonomías y los grupos de desarrollo local y otras muchas historias, a un gran proyecto nacional diseñado a muy largo plazo en el que solo el Estado marque los criterios, con un amplio programa bien trazado y mejor meditado dando voz a todas  las partes del medio rural afectadas (mujeres, jóvenes, agricultores, ganaderos, jubilados, emprendedores, asociaciones profesionales, alcaldes, empresarios de todo clase y condición, y expertos en demografía, políticas fiscales, financiación, a los funcionarios públicos como médicos, maestros…) seremos capaces de, al menos, intentarlo. Hasta ahora, ni eso.

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  1. Solución estratégica a largo plazo, poniendo en coherencia nivel gobernanza europeo nacional regional y autonómico, con la globalizacion, y las oportunidades que ofrece. Deshacer el caciquismo. Cambiar las mentes el discurso, y educar para el siglo xxi. Poner en valor el patrimonio cultural, etc. Todo conectado, sistémico.

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