La Guadalajara real que nos ocultan

Foto: Alustante, de Jesús de los Reyes

«Guadalajara sigue estando entre las provincias de España en donde más aumenta la población. En 2019 ganó 3.513 habitantes…». Este es el inicio de una noticia publicada en un diario digital de la provincia y es irreprochable en cuanto a la objetividad del dato, pero aunque posiblemente el lector se quede satisfecho por esta buena noticia  en realidad se perderá la verdadera situación de la provincia en su conjunto.

Después de la crisis de 2008 que llevó a un descenso y estancamiento de población en el conjunto del territorio provincial durante varios años, de nuevo Guadalajara consigue recuperar vecinos con un crecimiento anual de su tasa de crecimiento y con un aumento nada despreciable de población, de hecho es una de las provincias que más crece en España.

Pero este dato, como digo objetivo visto así aisladamente, hará que la mayor parte de los lectores de estos medios que se limitan a señalar los datos estadísticos se lleven una idea muy equivocada de nuestra situación.

 Guadalajara, efectivamente, acumula un incremento notable de población pero lo hace en menos de la tercera parte de su territorio, mientas el resto, la Guadalajara rural – o esa Otra Guadalajara- sigue perdiendo irremediablemente habitantes.

Al valorar esta situación en el conjunto de la provincia, como ocurre en muchas cosas en las que se considera la población de todo el territorio, se deja en el olvido nada menos que a las dos terceras partes de la provincia, a las comarcas rurales más desprotegidas y desfavorecidas que se ven y se sienten olvidadas ante el potencial que muestra el Corredor y la capital provincial.

Resulta que la zona con un fuerte componente industrial, aunque ahora en declive, y con un poderoso y creciente sector logístico al amparo de Madrid y que además cuenta con extraordinarias comunicaciones con la capital del Reino, anula con sus datos de población, de riqueza y de crecimiento a tres de nuestras cuatro comarcas naturales, a las que hace prácticamente invisibles,  a la inmensa mayoría de sus municipios que sin embargo apenas tienen una décima parte de su población.

Es importante para la Guadalajara rural que todos, las instituciones provinciales y municipales, las asociaciones profesionales y de toda clase y condición, y muy especialmente los grupos de desarrollo rural, y por supuesto los ciudadanos de esas zonas, hagamos notar esta realidad cuando se dan datos generales de la provincia, como estos relativos al crecimiento de población, que solo hacen que distorsionar la realidad de Guadalajara creando una imagen idílica que es radicalmente distinta a la real, y eso no es bueno para nadie, ni siquiera para la parte del territorio que sí crece y se desarrolla.

Carlos Sanz

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