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Las obras del Parador van despacio

Las obras de Palacio van despacio y en Molina de Aragón somos muy conscientes de ello, cada vez que oteamos el horizonte para comprobar que esa estructura de hierros blancos que pretende ser un Parador de Turismo, hace tiempo que no avanza demasiado.

La verdad es que creo que no avanza nada, a pesar de que parece resuelto el problema del tendido eléctrico que dejó las obras empezadas, pero estancadas en los despachos, mientras que el Ayuntamiento lidiaba directamente con Unión Fenosa para que se hiciera cargo de la faena y se pudiera continuar.

En nuestra comarca, parece ser, no basta con promesas políticas, con presentaciones de proyecto,  puestas rimbombantes de primera piedra o inauguraciones sin piedra. Ni siquiera consideramos ya suficiente que se inicien las obras. Los molineses conocemos muy bien la palabra “dificultad” y estoy convencida de que somos así de duros, testarudos y orgullosos porque nos hemos fraguado en una lucha constante por todo.

Esta semana conocíamos las tímidas declaraciones de la secretaria de Estado de Turismo, María Oliver,  sobre esta infraestructura turística, que paradójicamente ocupaban los titulares de muchos medios de comunicación de la provincia y la región, casi como anunciando una gran noticia para la comarca.

Pero en realidad se trató de una intervención  en la Comisión de Industria, Comercio y Turismo del Congreso de los Diputados, donde Oliver desgranó las partidas dedicadas al sector en los Presupuestos Generales del Estado: 316,24 millones de euros, que pretenden diseñar una estrategia transversal que apueste por los destinos turísticos inteligentes, por la calidad, la sostenibilidad, la mejora de productos ayudando a la desestacionalización, así como la búsqueda de turistas que generen un mayor gasto.

En la partida de infraestructuras se contemplan 12,5 millones de euros para nuevos Paradores y en este capítulo dijo que se espera terminar este año los de Veruela (Aragón) y Muxía (Galicia), pero al llegar al de Molina nos quedamos con una nueva promesa, desde mi punto de vista, no demasiado esperanzadora: la de “darle un impulso” junto con el de Ibiza. De este último aún dijo algo más e informó de que se ha remitido el proyecto de ejecución por 25 millones al Ayuntamiento y que, posteriormente, pasará al Consejo Insular para lograr los permisos correspondientes antes de su licitación.

Del de Molina sólo dijo que se va impulsar y, no quiero ser ceniza, pero todo apunta a que no hay previsión de que las obras se terminen en 2019, tal y como anunció el entonces delegado de Gobierno de Castilla-La Mancha, José Julián Gregorio, durante una visita a las obras, a mediados de mayo de 2018.

Ya se ha hablado mucho del Parador en los últimos años, la mayoría de las veces desde una perspectiva escéptica, por los recortes sufridos en el número de habitaciones con respecto al primer proyecto, el que se lanzó como promesa tras el incendio de 2005 por el entonces presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el de la Junta, José María Barreda.  Entonces eran 80 dependencias, que se transformaron en 60 en 2011, porque según dijeron, el proyecto estaba sobredimensionado, para quedarse en las 22 del que Cospedal vino a inaugurar con el ministro del ramo, en 2015.

Esas 22 habitaciones, de una iniciativa acomplejada, que no sirve para dotar a la comarca de un establecimiento con suficiente capacidad como para impulsar determinadas iniciativas turísticas. Tampoco, para consolidar el perfil al que aspira el Geoparque de convertir la comarca en sede de congresos científicos de relevancia nacional e internacional, al calor del reconocimiento de la UNESCO. Me consta que hay interés por parte de las instituciones científicas y de momento sé que el Geoparque está lidiando convenientemente con este dragón, aprovechando los recursos que tenemos y supliendo su deficiencia con la voluntad de las personas, que de esos sí nos sobra en estos páramos y accidentes.

El proyecto que nos ha quedado,  se ejecuta en una parcela de 42.000 metros cuadrados, aunque el edificio tendrá 7.000. El futuro Parador contará con 22 habitaciones dobles, bar-cafetería, comedores, dos salones de convenciones con un aforo entre 300 y 500 personas, salones sociales, jardines y aparcamiento para 60 vehículos. El edificio tendrá tres plantas y la inversión asciende a 20 millones de euros.

Sin embargo, no soy de la opinión de que el Parador de Turismo de Molina será una inversión baldía: una pérdida de tiempo y de dinero, como hemos escuchado todos en alguna conversación de terraza y de barra de bar. Como cualquier negocio, dependerá de su gestión; de la estrategia que establezca en consonancia con el resto de establecimientos hosteleros y con el entorno; y de la oferta de servicios que puedan ser atractivos para esos usuarios de este tipo de establecimientos.

No obstante, sí que creo que hemos vuelto a perder otro tren y con él la posibilidad, por ejemplo, de recuperar uno de los muchos edificios históricos de la ciudad o de tener una infraestructura al altura de nuestras aspiraciones turísticas.  Incluso se quedó por el camino ese gran proyecto de Escuela de Hostelería, que pretendía formar profesionales para ofrecer un servicio de calidad.

Qué bonita estampa se dibujó entonces para el futuro de nuestra tierra, cuando las promesas volaban a diestro y siniestro y parecía que íbamos a tener un Parador con 80 habitaciones y una solución formativa para que muchos de nuestros jóvenes pudieran quedarse en Molina.

Parecen sueños imposibles en esta comarca en la que el reloj de la torre se quedó detenido para siempre y donde al despertar caemos en esa realidad donde todos sabemos que las obras de Palacio van despacio… eso si tenemos la suerte de que se empiecen o, en su caso, de que vayan, aunque sea a un ritmo lento.

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