Visita de la Virgen de Fátima

En los años 50 del siglo XX hubo un acontecimiento extraordinario que nos ocupó muchas horas de ensayo en la escuela. Fue con motivo de la visita que la Virgen de Fátima hizo a los pueblos del Señorío de Molina. Aquel evento nos alteró el ritmo de trabajo habitual, visto ahora, desde la distancia de los años, sorprende y no entiendes cómo la llegada  de una imagen, tuviese tanta trascendencia en la vida cotidiana, supongo que la imagen de la virgen la traerían desde Fátima, pero eso no añade más magia que la que ya tiene el culto a una imagen en sí.

              Es evidente que la fuerza de la iglesia era absoluta, lo que no tengo tan claro es si estas solemnidades interrumpirían la programación escolar, que seguramente no existía, porque la marcaba el índice de la enciclopedia de Álvarez; por ello si había que aprender poesías eso era prioritario, si había que hacer cualquier otra celebración se cortaba el ritmo escolar, entraba dentro del apartado de lecciones ocasionales. Dudo si estos eventos se reflejarían en el cuaderno de rotación, que era una de las cosas más sagradas de la tarea escolar y un claro reflejo de una enseñanza de apariencia. Buscando el punto positivo del evento,  podría valorarse como integración de la escuela en su entorno.

              Para el recibimiento de la Virgen en Tortuera se organizó un auto sacramental en la plaza y se decoró con arcos de hiedra el recorrido de la comitiva.

              Sin explicaciones previas nos repartieron la tarea. El elenco de participantes era reducido: la virgen y los pastores; se supone que nos contarían la historieta de las apariciones marianas, que casi siempre elegía a pastorcillos. Nos vistieron con el traje correspondiente; en mi caso de pastorcilla con falda roja larga, adornada con tiras negras horizontales, pañuelo anudado detrás de la cabeza y un chaleco negro sobre blusa blanca. Recitamos poesías de mayor enjundia que las que cada día, a la hora de las flores, durante el mes de mayo, decíamos a nuestra virgen en la ermita. Ese día era en la plaza, con todo el pueblo alrededor y con la virgen de Fátima y el séquito episcopal que la acompañaba.

              El recuerdo para aquella niña, vestida de pastorcilla a la que le tocó recitar una poesía, es que como la tarea encomendada era muy importante, cada día y varias veces, la maestra le hacía repetir la poesía y aquellos papeles en los que se la habían dado escrita, a ella le parecían muy importantes, también se lo parecía a su madre, porque los guardó durante muchos años, junto a la foto de pastorcilla. La madre también había participado en el evento, haciéndole el traje y escuchándole en casa como recitaba aquello de:

Pensando en ti madre mía,
anoche me rindió el sueño,
y que imágenes tan bellas pasaron por mi cerebro.
Soñaba que yo era abeja,
soñaba que tenía unas alas muy bonitas
y con ellas volé luego por fantásticos jardines,
por montes, valles, oteros,
doquiera buscando flores,
doquier libando en su seno.

              Lo peor de todo era el aprendizaje tan descontextualizado y lo poco que se aprovechaba el rentabilizar el esfuerzo, solo importaba el momento, sin tener en cuenta  que una enseñanza más interdisciplinar hubiera favorecido a todo el grupo. Por ejemplo, aprendiendo el significado del texto, qué bonita lección de vocabulario se perdieron y qué responsabilidad tan desmedida para una niña de tan corta edad, ya que el texto era muy largo y con vocabulario nada usual, debería haber estado compensado el esfuerzo de aprenderlo con el disfrute de entenderlo y, además, compartiendo la tarea con el resto de las compañeras.

              Se distribuía el tiempo de manera muy poco equitativa y eso no favorecía la cohesión  del grupo, marcar diferencias no es positivo nunca.

              En aquellos momentos y en otros posteriores la niña miró aquella foto, leyó la poesía y disfrutó recordando que lo hizo muy bien, que su madre estaba contenta de cómo la había recitado, pero en ese recuerdo también aparece que su hermana y alguna otra niña le dijeron: pues vaya vergüenza, yo eso no quiero hacerlo; si la actividad hubiese sido más grupal, esto se podría haber evitado, se habría podido repartir la satisfacción haciendo una actividad de forma conjunta y, si cabe más importante, la niña no se habría sentido diferente.

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