Escuela y pandemia

Imagen: pintura de Alejandro Aynos Romero

            La declaración de pandemia para controlar contagios debidos a la Covid19 fue inmediata a la decisión del cierre de los centros escolares.

            Los profesionales de la educación tuvieron que reinventarse en la segunda parte del curso escolar 2019/20. Ante el cierre de los centros había que buscar soluciones imaginativas y adecuadas a las necesidades de cada entorno y de cada grupo de alumnado.

            Las circunstancias eran muy desiguales en unas zonas y en otras, en primer lugar por las complicaciones que para acceder a las nuevas tecnologías  tenía parte del alumnado; por las dificultades de cobertura de las conexiones, a pesar de decirnos muchas veces que el noventa y nueve por ciento de la población española tiene conexiones de calidad, se demostró que no siempre es así. Tampoco el profesorado estaba capacitado para el manejo de unas plataformas, que tuvieron que habilitarse muy rápido y sin tiempo de entrenamiento previo.

            ¿Por qué me fijo en este binomio escuela/pandemia, desde este entorno molinés?

            La primera razón es que hemos sido y siguen siendo muchos los molineses que hemos dedicado nuestra tarea profesional a la noble, ahora considerada «esencial», labor educativa.

            Durante muchos años hubo una razón de peso sobre la elección de estudios por parte de los oriundos de este enclave de paramera. Hasta los últimos años de la década de los sesenta (1968), que se abrió en Guadalajara la Escuela de Enfermería, los únicos estudios de nivel medio, que ofrecía la provincia, eran las Escuela de Magisterio de la Iglesia, femeninas y masculina y la Escuela Normal.

            Estas condiciones dictaron la decisión de muchos estudiantes. Era lo que tenían a su alcance. No les arredró en su decisión, la baja valoración que se hacía de la profesión docente y de la que queda constancia en el siguiente párrafo[1]:

«Aquellas ocupaciones que se caracterizan por: a) poseer una formación superior pero de nivel medio, es decir, poseer conocimientos menos especializados; b) trabajar como asalariados, por tanto, disfrutar de una limitada independencia; c)  estar en conexión con los servicios sociales del Estado y, por  ello, no gozar de gran prestigio social. Los trabajos que responden a estas características según Etzioni (1966) son consideradas como «semiprofesiones». El texto es corroborado por Fernández Enguita (1999)y por Bardisa (1994)».

            Los estudios de Magisterio tardarían muchos años a adquirir la categoría de universitarios.

            Tampoco el dicho popular de «pasas más hambre que un maestro de escuela» mermó su elección. Es comprensible que eso no fuera mucho problema, las circunstancias personales y su ámbito de crecimiento infantil no habían sido opíparo, por tanto la escasez estaba impresa en su ADN. No el hambre. Lo que sí demostró el paso de los años es que el dicho del siglo XIX era vigente en ese momento; después no ha sido real, aunque es cierto que la tarea docente no ha gozado de un merecido reconocimiento social y que se ha reflejado en la nómina de los trabajadores. Afortunadamente las cosas han cambiado, se han ganado a pulso.

            Se puede hacer una interpretación de la cuantía del hambre asimilándola a la cantidad de escuela que acumulan los maestros, esta modificación es mucho más real y ayuda a superar ese «sambenito». Se trata solo de eliminar una preposición.

            Volvamos a la situación de partida. Las circunstancias en las que se iniciaron el curo 2020/21 eran poco halagüeñas, hacían suponer que la enseñanza presencial no sería viable mucho tiempo. Muchos aventuraban que, cuando llegara el frío, el virus se enseñorearía de las aulas y habría que cerrarlas.

            El tiempo nos fue demostrando que no era así, que fueron muy pocos los grupos de escolares que tuvieron que estar en cuarentena. Llamaba la atención que los datos sobre cómo iba evolucionando la situación en Europa y cómo se reflejaba en el aumento del porcentaje de la no presencia del alumnado en las aulas de cada país, nos mostraba, una vez más, que el papel que jugaban nuestros docentes era encomiable. Este hecho nos enorgullecía.

            La realidad que hemos vivido desde que se acabó el periodo escolar ha sido el comprobante de lo bien que lo estaban haciendo los docentes.

            ¡Qué buen papel han hecho!

            En las aulas también había reunidos grupos de jóvenes, pero con orden. El que falta en otros entornos de ocio.

            Claro que las reuniones masivas favorecen el intercambio del virus, que es muy sociable y le encanta ampliar su ámbito de presencia. Las entradas de los centros escolares, también eran reuniones masivas y fuera de las aulas, los grupos burbuja se rompían, se creaban otros nuevos en los desplazamientos, pero aún permanecía el eco de los mensajes que se habían impregnado en sus conductas.

            Nos informaban de situaciones descontroladas los fines de semana, pero nos quedaba la esperanza de que el lunes un grupo masivo de jóvenes y niños volverían a los espacios escolares, empezarían de nuevo las rutinas preventivas y el buen hacer del profesorado dejaría su lenta, pero certera huella.

            Esto se acabó cuando terminó el periodo lectivo, que pese a todo pronóstico se había mantenido de forma presencial, con todos los requisitos que la situación demandaba.

            Por haberlo logrado, quiero expresar mi felicitación a los docentes, a los que les han llegado mensajes contradictorios, desde las diferentes administraciones y, desde las mismas familias que pedían ventanas abiertas y, a la vez, demandaban más temperatura en las aulas, amén de otras muchas exigencias a las que los maestros están acostumbrados.

            Claro que es esencial su tarea, este año lo han demostrado de sobras, por eso los han incorporado al grupo de «esenciales».

            Ojalá este mensaje llegara a ellos. Como espero que llegue a algún docente molinés, de los que me siento parte. Para ellos muchas gracias por la tarea que habéis hecho, confiamos en que seréis capaces de adaptaros a los retos que la sociedad vaya demandando.

            Ahora nos preguntamos ¿qué ha pasado con aquellos mensajes con los que habéis impregnado las conductas del alumnado? ¿A dónde se han ido?

            No os desaniméis, lo habéis hecho muy bien. Gracias.

            La respuesta nos la da el proverbio africano:

            «Para educar a un niño se necesita toda la tribu,».  

Imagen: pintura de Alejandro Aynos Romero


[1] Tomado de la Tesis Doctoral (2008) de Mª Perla Díez Arcos: PROFESORAS Y DIRECCIÓN ESCOLAR: ANÁLISIS DE LAS CAUSAS DE SU BAJA REPRESENTACIÓN EN LA DIRECCIÓN DE LOS CENTROS PÚBLICOS DE LA COMUNIDAD DE MADRID.

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