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Por la seguridad de nuestros pueblos

Las alarmas volvían a saltar la semana pasada y de nuevo se despertaba el malestar y la preocupación de los vecinos de la comarca. En esta ocasión se registraban dos sucesos, relativamente distantes: en Alcolea del Pinar y Orea, pero ciertamente similares. Otra vez  el fantasma de los robos entraba sin llamar a las escuelas, forzando entradas con tan sólo un día de diferencia. En la madrugada del martes entraron en la escuela de Alcolea, y en la del miércoles, en la de Orea.

En Alcolea accedían al centro rompiendo una puerta y causando destrozos en otras dos, haciendo saltar la alarma, pero no se llevaron ningún objeto de valor,  tal y como informaba la Guardia Civil al Diario de Guadalajara, por lo que no se descartaba que se tratase de un mero acto vandálico. En Orea, en cambio, según declaraciones de la alcaldesa de la localidad, Marta Corella, a Tierra Molinesa, los ladrones entraron de puntillas, forzando una ventana. Eso sí, allí se hicieron con un botín más jugoso: dos o tres portátiles, un televisor de plasma y trece tablets que estaban guardadas en un armario bajo llave, que tuvieron que reventar. También se llevaron los productos de más valor de la tienda, accediendo de la misma manera, por la ventana. Todo ello, según los cálculos de la alcaldesa, podría ascender a unos 5.000 euros de valor.

Inevitablemente, cuando los robos sacuden nuestra comarca no podemos dejar de cuestionarnos si esa tranquilidad  que se respiraba en nuestros pueblos, donde nadie echaba el pestillo de las puertas que se abrían de par en par a todos los vecinos y donde los más pequeños tenían la libertad de salir a la plaza a jugar sin atisbo de preocupación se convertirá en poco tiempo en cosa del pasado. Parece que no podemos dejar de sacar a pasear eso que muchos apuntan ahora, cuando relacionan despoblación con inseguridad, cuando llaman la atención sobre si los efectivos de la Guardia Civil que todavía quedan en nuestros cuarteles son suficientes para evitar estos sucesos.

Cabe recordar que tras una oleada de robos, el pasado 8 de diciembre, varios pueblos del entorno se manifestaron en Alcolea del Pinar bajo el lema: “Defiende tu casa, defiende tu pueblo, defiéndete tú”,  lo que apenas días más tarde propició una reunión con el delegado de Gobierno de Castilla-La Mancha, Manuel González Ramos, en la que solicitaron medidas como la reapertura del puesto de Alcolea o el refuerzo de los cuarteles de Torremocha y Maranchón. En esa reunión, también se plantearon otras medidas, como la instalación de cámaras de seguridad.

Está claro que la población no evita este tipo de sucesos, porque de ser así, ciudades o localidades como Azqueca de Henares, en pleno Corredor y con una población creciente, no tendría que lamentarse de que el pasado año se incrementaran los robos en un 40 por ciento. La pregunta en este caso sería si los dispositivos de seguridad tienen capacidad de respuesta en estas zonas.

Por ejemplo, la alcaldesa de Orea quita hierro al asunto, recordando que precisamente la escuela no se encuentra en un lugar aislado, sino que existen viviendas habitadas tanto delante, como detrás del edificio. Asimismo, señala que tanto la Guardia Civil como el equipo de Investigación se presenciaron “en seguida”.

Pero la realidad es que es cierto que en los pueblos de verano, son más las casas en las que sólo habitan los fantasmas cuando llega el invierno y, lamentablemente, cada vez es más difícil delegar la empresa de cuidar tu casa a un vecino y más si por las calles sólo ruedan los salicores.

La seguridad es una cuestión compleja en estos lugares, que cada vez tendrán que depender más de iniciativas privadas, aunque no nos guste escucharlo, aunque los cuerpos de seguridad no puedan, ni deban darles la espalda, a pesar de que lleguen nuevos agentes, que no dejen desprotegidos sus puestos cuando tengan que acudir a atender otros asuntos.

Y sí, afortunadamente los tiempos también cambian y dispositivos que antes eran sofisticados y caros, ahora son perfectamente accesibles para la mayoría de los bolsillos.

En esas conversaciones en las que solemos arreglar el mundo, cierto día se planteó la posibilidad de instalar cámaras en nuestros pueblos y que los vecinos que los vivimos desde la nostalgia en invierno, pudiéramos acceder a través de un portal de internet a ver qué está pasando, por ejemplo, en el bar de la plaza, o en la puerta de nuestra casa. Algo que, de veras, es muy sencillo. Muchos ayuntamientos han puesto en marcha proyectos similares. Por ejemplo, el de Cabanillas lo hizo en el campanario de su iglesia para hacer un seguimiento de sus asiduas cigüeñas.

Instalar cámaras de seguridad, tal y como proponía la Delegación de Gobierno, puede ser una medida efectiva, aunque probablemente sea insuficiente, donde sólo los fantasmas velan por nuestras casas y cuando hasta en las zonas más pobladas, los ladrones encuentran agujeros por los que colarse.

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