Belenes en Molina de Aragón

Begoña Benito Hombrados (n. Pardos) ha escrito un bello poemario “Necesaria navidad”. Con el ánimo que la fiesta aviva, Oración contemplativa, El frío diciembre convoca sonrisas, Desde el Cerro iluminada protegiendo la ciudad, La noche respira frente a la ventana, Sombras de silencio helado, Fría tierra dormida, Anochecido el día, cuando el año fenece… son algunos de los primeros versos de la treintena de poesías reunidas en su libro.

Poeta de vocación, como un árbol, que vive “donde ha nacido”. Sus temas hunden sus raíces pegadas al terruño, a la naturaleza sabia, a las tradiciones, a los pueblos pequeños, a la religiosidad vivida como celebración, llega al corazón y los sentidos, con  naturalidad y verdad.

En sonoros tercetos, cuartetos y sextetos, frente al formal y rítmico soneto con que encabeza el índice. La hoguera en el cerro de Santa Lucía es el prólogo de la inmaculada nochebuena molinesa.

Hoy luce Molina con señorío

y hace a todos olvidarse del frío.

Navidad (día en que se celebra el nacimiento de Jesús) o navidades (tiempo de encuentros, compras, comidas, cenas y regalos, entre dos años, hasta la epifanía o festividad de los Reyes) es un tiempo de esperanza único: de estrellas fugaces, que nos hacen mirar al más allá. Época en que los belenistas, que son catequistas, además de artistas, nos inclinan a mirar al más acá. “¡Qué bonita la tarea / hecha a mano y corazón!”.

Pegan astros salpicando

a la gran noche azulada,

como redondas bombillas

(que son estrellas lejanas

de cartulina amarilla).

Rodean de labrantíos

y campos con musgo inerte,

al humilde monumento.

Pasa su estrecho camino

cruzando el único puente

(fijado con pegamento),

sobre el plateado río

(en el que beben y beben

no más de dos pececillos).

La Navidad es compañía, pero es más: nacimiento + vida + dar. Por eso en la poesía, bajo este título, imagina un pequeño ratón hurgar en el pajar:

Primero escucha un gemido,

después, ve al Niño llorar

y los ojos de sus padres

llenos de felicidad.

Hoy pasa algo importante,

es una noche especial (…).

Y el ratón está gozoso

porque cada Navidad

no es noche oscura ni fría,

ni termina en soledad.

Navidad es compañía

y alegría para dar.

Parafraseando otra poesía de bella rima, un niño nos nace (sin nombre) cada Navidad (en nuestro interior). Nos volvemos críos ávidos de sentir abrazos, cuidados, caricias, momentos gozosos de sentirnos en familia.

La Nochebuena molinesa, tal vez sea la poesía más subrayada, porque refleja la peculiar intrahistoria y la fe sencilla de las gentes de esta tierra.

Desde el Cerro iluminada,

protegiendo la ciudad,

la Virgen Inmaculada.

En Molina ya es de nochebuena

y a Misa el Gallo nos llama

porque van a ser la doce.

Suspendido sobre piedras,

un ángel desde el Barranco

anuncia la Nochebuena.

Al punto cierran paideras

y acuden hasta el Portal

pastores de cuatro sexmas.

¿Que el Niño no tiene cuna?

Ya bajan los de la Sierra,

que pronto le han hecho una.

(…)

Cortaron fajos de barda

pastores del Sabinar,

traen haces a la espalda

para techar el Portal…

Los del Campo traen pan

y peduguicos de lana

guardados en el morral.

(…)

Los del Pedregal convidan:

la sartén sobre la hoguera,

para preparar las migas.

¡Que aquí nadie pase frío!

¡Que los pastores caldean

la fama del Señorío!

El pasado 3 de diciembre se presentó este libro de poesías y se inauguró en la antigua iglesia de San Pedro, el monumental belén, obra del sacerdote y belenista Raúl Pérez Sanz, que resalta en lo alto los castillos (así se llaman en Molina al conjunto de la alcazaba y torre de Aragón), en la parte baja un molino (representación de los que dieron nombre a la ciudad) y, en la otra parte, allende las montañas, el portal de Belén.

Sin llegar a los cuarenta metros cuadrados de este monumental belén, calculo que no menos de un quince por cien de los hogares de Tierra Molina montan el tradicional belén: reducido a un portal o ampliado con reyes y figuritas sueltas que bajan desde las montañas. Me temo que para muchos jóvenes y adolescentes, que todo lo ven, escuchan, saben y analizan (que, por razones naturales, les gusta alejarse de sus padres), éstas quedan reducidas a las fiestas de fin de año.

Si creemos que Jesús es JHS, hombre salvador (mesías), que nos salva del mundo, que nació en la pequeña aldea de Belén, nada más contradictorio y, a la vez humano, demasiado humano, que un belén monumental.

¿Acaso está sobrevalorada la Navidad? No lo creo, si así fuera, la Navidad es necesaria y lo que está sobrevalorado son las navidades. Permanezcamos activos y no contemplativos, en estas fechas.

De nuevo gracias a la autora, por recordar nuestras tradiciones y recordarnos que la Navidad es compañía, pero también algo más: amor, caridad y esperanza: que se cumplan sus buenos deseos y “que ninguna circunstancia nos haga perder la alegría y la ilusión que trae la Navidad, que la celebremos y compartamos siempre”.

Juan Carlos Esteban Lorente

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